CLUB NÁUTICO

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  • UBICACIÓN ZARAGOZA
  • FECHA 1993

Antonio Miranda Regojo:

“Cuando una obra de arquitectura –los planos de un proyecto pueden serlo- es calificada como muy valiosa por un Tribunal Académico, puede sospecharse lo peor. Pero si, como pensamos, ese Tribunal está compuesto por esas escasas gentes que –aunque sólo sea eso- sepan distinguir la exigua mena de arquitectura entre la ganga generalizada que promueve el irracional racionalismo del sistema “liberal”, en este caso es más que probable que nos encontremos ante un milagro. Una obra que pueda ser con justicia calificada como arquitectura es un prodigio de unidad y síntesis de objetivos en una objetividad que alcanza la totalidad de un universo: organización de toda una zona urbana, armonía simultánea entre sección-técnica, planta-función y alzados-signo, descubrimiento de los materiales que le son propios y tensa reconciliación de lo particular en la generalidad del proyecto, la ciudad y la sociedad. Todo ello gracias a la forma, a la poética, a la construcción, tres palabras para nombrar lo que es una identidad en Arquitectura. Cuando la edificación reniega de la intención, del halago sensible y la hermosura dulce para llegar a ser estructura, forma de la forma, forma interior revelada, nos encontramos con una tautología: la poética arquitectónica, que nos abre las puertas de la síntesis esencial y total de la idea, forma y contenido como inseparables. Esa puerta final, la última puerta, no puede alcanzarse sin ser abierta desde el principio. Esa puerta, alfa y omega, está hecha de la sencilla complejidad de la geometría. Ese es nuestro caso.”